A una amiga cercana se le ocurrió preguntarme, platicando por el messenger, cómo me había ido. Se me pasaron veintemil cosas por la cabeza sobre las cuales podría platicarle: Los trámites de publicación de mi libro, las notas escolares, mi felicidad de que Rick y yo fuéramos novios por fín y mi creciente preocupación por mi hermana. ¿Cómo me había ido? ¿Bien o mal? Era difícil decir. Me había ido extraordinariamente bien en unas cosas y extraordinariamente mal en otras. Todo dependía de qué estuviéramos hablando.
Pues, más o menos, bien y mal, depende en qué -le contesté.- La vida lleva un cierto equilibrio y conmigo también lo tiene. Cada quien decide ver el vaso medio lleno o medio vacío, es decisión propia.
Dicen que la vida es como una rueda de la fortuna, a veces se está arriba y aveces abajo. Pero ¿realmente importa eso? Porque uno se puede sentir igualmente desgraciado si está arriba y le teme a las alturas que si está abajo y no vé que la rueda se mueva. Usualmente yo me siento feliz tanto arriba como abajo, gracias a que veo que al menos ahora yo tengo algo de control sobre cómo se está moviendo la rueda y no me siento atrapada en un incontrolable movimiento en el que yo no quise estar. Ahora yo elegí la rueda y en qué lugar subirme, y si algo falla sé que habrá sido causa mía y no de alguien dedicado a controlar mi vida.
Así pues, las cosas sólo se tratan de ver el vaso medio lleno o medio vació... pero... ¿y en esas ocasiones, como ahora, en que veo el vaso a medias? Estoy viendo la realidad o es sólo otra forma de ver las cosas? Es una forma muy fría, muy indiferente, por cierto. Como si nada de lo que te pasara lo estuviera viviendo tu propia piel.
En éstos momentos en que parece que miro todo desde fuera... ¿realmente me he salido del cuadro o simplemente no lo vivo? ¿Estoy admirando la realidad entera o aún hay alguien contemplando un cuadro donde yo miro a mi vez éste?
Wow. Es confuso.
Aunque es verdad que tengo más control del cuadro cuando lo miro de éste modo, en cualquier momento puedo pintar algo sobre él, hacer creer a todos que es real, pintar incluso una versión de mí que se verá en el cuadro
Pero esa no soy yo.
¿Debo quedar fuera del cuadro? ¿Estoy destinada a ser una simple observadora que no vivirá nada en carne propia? ¿O soy parte de un cuadro mayor que soy incapáz de ver?
Probablemente sean ambas.
Anna
viernes, 11 de mayo de 2007
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