viernes, 11 de mayo de 2007

Cuando no quieres ver el sol

Qué difícil es ver a una de las personas que más amas sumergida en la depresión. Qué difícil es saber lo que siente y lo que sufre y que no te deje ayudarle.

Ha sido muy duro para mi ver el estado en el que se ha encontrado mi hermanita del alma éstos últimos días. Me duele el corazón y me pesa como si fuera de plomo, no por mí, sino por ella, cómo quisiera hacer que se le pasaran las penas y se le olvidaran los pesares... ¿pero cómo puedo ayudarle si ella no me lo permite?

No entiendo porqué no me deja ayudarle, pues no me lo dice. Y en silencio, trato de dejarla en paz por mucho que me pesa verla arrastrando los pies por el camino que ha escogido.

Es su batalla y debe lucharla sola, y lo entiendo. Pero me sería menos dificil dejarle ir si ella me diera señas de que realmente quiere pelear sus batallas. Porque en realidad, sólo la veo con ganas de rendirse, de dejarse vencer sólo para dejar de sentir el dolor que ha anidado en su alma. Y verla así me destroza por dentro.

Ya no tiene ilusiones, o al menos no las admite, y eso se me clava en el corazón como miles de agujas. Yo soy felíz, pero no puedo serlo del todo al verla siendo tan triste.

¿Y qué debo hacer? ¿Dejarla tomar su decisión, dejarla desistir? Mis creencias, todo mi modelo de comportamiento, me dice que sí. Pero mi amor a mi hermana por lo que es, mi conocimiento de lo mucho que puede lograr, me hace querer gritarle que no se dé por vencida, que no tiene caso, que hay muchas cosas aún reservadas para ella.

Pero si no es capáz de disfrutarlas, entonces ¿qué caso tiene que las viva? Que horror. Me gustaría que viera que el sol no se ha ido, que sólo es una nube pasajera, pero ella ha creído que es la más oscura de las noches y se ha negado a ver el sol poniéndose un par de gafas oscuras. ¿Y yo que hago? ¿Cómo se las quito? Y aún más importante ¿Debo quitárselas?

Cuando el sol te lastima, cuando no quieres ver el sol, es cuando te cubres los ojos. Y a ella que los tiene cubiertos, ¿debo mostrarle el bello resplandor o la lastimaría ver esa clase de luminosidad?

Cada quien tiene su camino, y debo dejarla recorrer el suyo, con los ojos tapados pues así ha decidido ella ir. Y todo mi corazón implora porque algún día, sea capáz de ver entre los dedos de las manos que le cubren los ojos, el rojo brillo del destello de sol. Y que se atreva a mirar un poco por entre los dedos y que aunque la luminosidad la cegue un instante, luego pueda ver todo lo que se había perdido. Y que entonces, cuando por fín pueda voltear y mirar el mundo bajo la luz, vea a su lado y no se encuentre sóla como cuando yo logré ver en la luz. Y que al menos, de entre los que estén a su lado, haya alguno cuyos ojos no se encuentren tapados, vendados o cegados.

Espero que, cuando despierte, yo esté ahí para decir hola.

Anna.

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